miércoles, 7 de septiembre de 2011

Reunión de equipo

En principio quisiera que sepan que mientras escribo estas palabras estoy escuchando Queen y tomando un vaso de leche. En segundo lugar que la inquietud de expresarme en estos respectos surgió de una reunión de trabajo en la cual se debatió en pocas palabras, con cierta liviandad, entre varios abogados y dos psicólogos, de los cuales soy uno.
No sé bien cómo llegamos desde la adaptación de nuevas tareas laborales hacia la adopción, la inseminación y el alquiler de vientres en US and A para parejas homosexuales aunque sospecho que las pocas ganas de hablar de trabajo sumado a la negación a que una reunión caprichosa termine rápidamente (lo cual la haría ser catalogada de “reunión al pedo”) deben tener algo que ver.
            - Se está planteando, ahora que los homosexuales pueden casarse, cómo es que se inscriben jurídicamente cuando tienen chicos. En Capital ya hay jueces que han inscripto a dos mujeres, ambas como madres.- dijo la Dra. I de manera inquietante. – La postura en Provincia es la contraria, ya que si para que nazca un niño es necesario que haya esperma y óvulo, decir que este tiene dos madres sería avalar un imposible, es una mentira… lo mismo en el caso de dos papás.- continuó la Dra. I, dejando entender que esta es la postura a la cual suscribe. De todas formas, para ser justo con la Sra. I, en más de una oportunidad refirió a que los tiempos están cambiando, que es necesario aunar criterios y expuso ambas posturas, dejando entrever a cual adhiere.  
            - ¿Pero qué pasa en la adopción?- preguntó el psicólogo de nariz prominente (o sea yo). Porque si un chico es adoptado por una pareja heterosexual le decimos que este es su papá y esta es su mamá, también le estamos mintiendo, claro, entonces le aclaramos “nosotros somos tus papás adoptivos pero vos tenés una mamá y un papá biológicos” y eso está bien, es culturalmente correcto. Entonces no veo por qué no le podemos decir a un chico “vos tenés una mamá y un papá biológicos, pero yo soy tu mamá y ella es tu mamá”.- Claro, todo esto no lo dije, sino que lo pensé y me tuve que conformar con medio argumento, porque no en todo ámbito un debate va a ser justo y equitativo, hay casos en que el paje (en este caso el de nariz prominente) es interrumpido por frases como “¿y qué le van a decir los amiguitos en el colegio?” (el cual tengo que reconocer es un argumento muy contundente) o por mejores argumentos aun como pueden ser las risas burlonas, la ironía y la teatralización sarcástica.
Cuando expongo esto es porque de lo que se hablaba era de distintas maneras de inscripción, como podría ser que uno sea inscripto como padre y el otro (hombre también) como pareja del padre, a fin de evitar anotarlos como un “imposible” o “mentira”. No terminé de entender el porqué del miedo a esta supuesta paradoja cuando fui interrumpido, esta vez de mis pensamientos, por una pregunta sentenciosa, una sentencia y una pregunta -¿pero vos no sos psicoanalista? Estás tirando abajo todo el psicoanálisis, ¿qué pasa con el Complejo de Edipo?
Rápidamente esbocé una respuesta que se adapte al público jurídico de lo que es mi opinión e interpretación del caso. –Nada… no pasa nada, es lo mismo que siempre. En el Complejo de Edipo se ponen en juego muchas cosas, claro, pero en cuanto a los soportes identificatorios no hablamos de genitalidad, no hablamos del chino tuerto y de la caverna rosita. Se ponen en juego, si se quiere, posicionamientos. En su versión más erudita es algo así: Sí, me enamoro de mamita, es toda para mí, papito es competencia e identificación, yo quiero ser como él para tener a mamita, papito me dice que mamita es de él y yo fantaseo con matarlo hasta que pierdo esa pelea, papito gana, mamita es de él, con una pala de pico entierro todos mis deseos incestuosos y como resultado tengo la ley instaurada, la voy a aplicar yo de ahora en más, me voy a sentir culpable cuando no la acate y después podré elegir si me gustan los nenes o las nenas. A mi entender todo esto se puede dar de igual manera si tenemos dos padres o dos madres, ya que el Complejo de Edipo no está condicionado por la genitalidad, así como se puede dar por figuras que no sean los padres (Freud hablaba de padre o sustituto…), ya que no está condicionado por el hacedor de esperma ni por quien recepta los óvulos...-
Claro, cuando hablaba, de las quince personas que compartíamos el cuarto, sólo algunas me escuchaban con cuestionable atención. Nunca esto me impidió hastiosa verborrea y no iba a ser esta la primera vez, así que frente a mi resignado público, proseguí
- Lo importante es que se den ciertas cosas. Que haya una persona que lo sea todo para el hijo, que sea su mundo en un principio, que esta persona se apodere de él porque es su manera ilusoria de completud y que poco a poco el niño vaya diferenciando que hay una persona a parte de él, que esta persona, ilusoriamente, se sirve de él para sentirse completa, él la completa, que haya otro que prohíba al uno esta completad ilusoria y al otro ser el eslabón fundamental de esta completud, y lo percata de que no sólo no completa a esta persona, sino que esta persona desea a la que impuso la ruptura del orden anterior que tanto le gustaba, que después de tanta frustración, y por la eficacia de esta ley, se instaure la falta en el sujeto y con ella el deseo (el deseo no de lo que falta sino de lo que se pone en el lugar de la falta)...-
"A esta altura del partido ya era hora de ir pensando en concluir la idea, Mariulo. No son sólo los demás que se quieren ir a sus casas, vos también estás cansado" pensé, y fiel a mis instintos dije algo más o menos así...
- En fin, me refiero a que no importa el género de las personas significativas en nuestra estructuración, sino que lo fundamental es qué lugar ocupa cada uno de estos en el desarrollo de nuestro psiquismo.- 
Si bien entendí que que nada de lo que había dicho era genial, ni siquiera novedoso, en el ámbito que me encontraba quizás sí tenía una pizca de originalidad. Eso era suficiente, al menos eso creí hasta el momento en que fui desacreditado de la siguiente manera:
 - Marito dice que tiene una visión muy particular sobre el psicoanálisis y que para él el Complejo de Edipo es igual si tenés dos papás.-

lunes, 28 de febrero de 2011

El sobretodo negro


No era el cielo azabache, ni el sollozoso viento. No eran ni el frío, ni el filo del puñal, quien destellaba de tanto en tanto, histriónico, sonriendo al reflejo de la Luna. Lo que verdaderamente estremecía, aquel escozor mortífero vibrante en el manto cutáneo de mi ser, ese extremo de terror, sólo podía ser suscitado por aquel sobretodo negro. Aquel harapiento sobretodo negro. Sucio,  impúdico y maldito sobretodo negro. No temí al hombre en sí propio. El hombre fue una circunstancia, un mero bípedo, quien tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.
Y heme allí, en aquella justa situación. Paseaba por el vasto jardín de mi casa, que habría hecho las veces de escenario para meriendas, juegos sexuales, caminatas…pero nunca de patíbulo. Hace semanas que caminaba por el bosque esperando, buscando un olor propio en la transición, en el crepúsculo, entre la tarde y la noche. Ese día había andado más de lo habitual. Me encontraba más allá de los límites de mi propiedad cuando perdí el pensamiento en mi nariz, entre corteza de nogal y pasto mojado. Súbitamente el viento trajo un llanto y me empujó fuera del trance. A cien metros, un cuerpo arrastrado desde su cabellera, gimoteaba y pataleaba débil e inútilmente por soltarse. No fue un arrojo de bravura, ni la triste empatía de la cual suelen ser víctima los humanos. No fue un sentimiento de justicia, ni la narcisística pedantería del apremio seguidero a un acto de valentía. Aquello por lo cual decidí seguirlos, esa necesidad de posesión… el sobretodo me llamaba, mi herencia me esperaba.
Nunca vi la cara toda del ejecutor, solo atisbé parcialmente su frente, sus ojos verdes, ofuscados ante la sed de muerte. Sí lo vi pincelar el cuerpo de su víctima, manejando el puñal con envidiable maestría y entendí que si quería sentirlo reposar sobre mis hombros, el hondo peso del legado, debía ser astuto, rápido, sigiloso. Si bien fui brusco en algún movimiento, la saciedad de su empresa no le permitió desconcentrarse, y fue esa mi señal. Salté sobre su cabeza con mis codos y rodillas apuntando. Tumbados los dos en el piso, actué como quien se encuentra atento y con un claro objetivo, no puedo decir lo mismo de mi antecesor. Comencé a rasguñar su cara, mis uñas llenas de piel y sus mejillas y ojos, sangrando. En un torpe y desesperado intento, alcanzó a clavar su corto puñal en mi pierna izquierda, transformé el dolor en ira, mientras girabamos abrazados, sentía la fricción de mi tela llamando, no había dudas, era mío. Tras las volteretas conseguí darle un golpe de rodilla en su cuello con fuerza tal que hizo “crack”. Antes que cualquier pensamiento, tomé lo que era mío y lo vestí.  Los dos cadáveres y yo descansamos por un rato, volcados en el pasto. Sentí en mis párpados que comenzaba a clarear y en la transición, en el crepúsculo entre la madrugada y el día, corteza de nogal y pasto mojado… sonreí.
            Las tardes por el bosque siguen siendo mi leitmotiv, y la persecución y el anhelo de nuevas mezclas sensitivas bajo el abrigo de aquello que poseo… y recelo. Porque evito el contacto con otros hombres. Porque lo quieren para sí, porque pretenden lo que yo tengo, celosos. Esto que es mío, esto que amo y odio, que me aleja, esto por lo cual llevo siempre un arma en el bolsillo. 

martes, 2 de noviembre de 2010

Sangre

En los pasillos del teatro las luces parpadeaban anunciando el perentorio comienzo del concierto. El afinador ajustaba las últimas cuerdas para el maestro. El típico desproporcionado dorado decorativo, las columnas dóricas, la mágica cúpula, el murmullo preliminar del gentío, sus trajes, vestidos, el olor a palco y a gallinero, todo en suma componía una obra en sí propia.
Afuera llovía, o no. Adentro no había sol ni luna. Adentro era dorado, El Olimpo de nubes doradas, eso, El Olimpo y el maestro el mismísimo Zeus.
En pocos segundos reinó un silencio casi absoluto. Solo se escuchaba a los acomodadores en sus últimos retoques, enseñando a algún bruto aristócrata su lugar de permanencia. El necesario desperfecto del cuadro, el que lo hace más humano y menos deidad, dialécticamente cálido y superficial.
Algún distraído se asustó con los aplausos y el elegante maestro, caminó el escenario. Hizo elegantes reverencias hacia un lado, hacia el otro, al centro y volvió a su banqueta taburete. El joven maestro miró sus palmas abiertas. Primero su diestra y luego su siniestra, olió ambas manos. Gentilmente apoyó su anular izquierdo en el Do grave de la primera octava y así comenzó a sonar Ravel… comenzó a sonar Ravel cuando tendría que estar sonando Debussy, lo cual pasó por alto para aquellos snobs que gustan del Colón por pertenecer pero no a aquellos quienes disfrutan del arte. Extraño pero aceptable. El resto de la primera mitad del programa fue respetada. La gente encantada con su genio trató de evadir el asunto del cambio de programa, aunque inevitablemente fue mencionado, conjunto a reproches sobre alguno que tosía mucho y otro que aplaudía sobre el final de los primeros movimientos.  
Otro juego de luces, silencio y miles de ojos sobre el telón trasero el cual suavemente vibró unos segundos y nada después. Justo cuando el murmullo comenzaba en crescendo a respirar cada vez más fuerte, un desprolijo cuerpo bípedo asomó su carne al escenario. El maestro tenía la camisa fuera del pantalón, algunos botones desprendidos y las mangas abiertas. Agitado y transpirado se sostenía del pesado género fundidos en un mismo escarlata. La sangre apuraba sus muñecas y en medio de los antebrazos se desprendían, gotas suicidas, hacia el abismo. La gente no sabía exactamente como reaccionar ante tal escena, pero a medida que el maestro recuperaba la compostura y se acercaba con fiereza al piano, las voces fueron silenciando hasta que la primera nota calló la última silaba de extrañeza. Sonaba una pieza desconocida por todos, incluso el maestro sentía como aquella melodía nacía y con el alma en sus dedos la música renovaba lentamente sus fuerzas. Y fue en crescendo y crescendo, y la sangre en las teclas, y en el aire, y volaba junto al sonido cada gota rubí, e iluminadas en la corriente, en el hálito mismo de la vida hecha canción, y pintaban así el atónito paisaje de teatro. Cada reverberancia remitía a una muerta armonía anterior, transmigrando el alma misma en cada cadencia, de nota en nota, un renacer que era creación, que era algo nuevo, y, entretanto, del pecho del artista bramaba un grito corto, monosilábico y seco. Aquello que el piano cantaba era la ambientación misma del cielo o del infierno, o quizás en aquellos foros se cante una misma canción y quizás, sólo quizás, el maestro sea el catalizador, sea el encargado de terminar con la dialéctica, sea de quien nació una vez la paradoja viva y señale así el final del tiempo y de la lógica, para escuchar para siempre la música de las esferas.

lunes, 23 de agosto de 2010

Origen

En tu oscuro cuerpo hay
quienes vieron al demonio,
e incapaces de negarte
con ingenio te absolvieron
bendiciendo las aguas aquellas,
donde has purgado tu alma.-

Curioso conjuro de antaño,
nos mantienes aun despiertos.
Resistiendo contratiempos,
prohibiciones religiosas.-

Vástago de Kaedi, pastor de cabras,
has sacudido templos varios ,
movilizando, caprichoso licor despierto,
ejércitos en cada continente.-

Tienes vida dentro tuyo
pequeño grano del cafeto

martes, 17 de agosto de 2010

Misa de réquiem

¿Hasta dónde llegamos? ¿Hasta un extremo insostenible o terminó en el preludio?
Tendremos que vivir con el misterio, perdernos lo que no pasó. Eligiendo se descarta y lo que no tomamos se pierde en un qué hubiera sido.
Tal vez sea loable perdonarnos con el tiempo, si evadimos los rencores, si nos ciñe el olvido imposible. Tal vez, si dejo de quererte, fuese posible madrugar abrazado al aire y no vomitar por dentro. Quizá deje de hostigarme, de culpabilizarme por no haber hecho suficiente, por no agradarte lo suficiente como para que nada más importe. Quizá le eche en cara al tiempo lo inoportuno que se presenta, lo irónico de sus bromas de mal gusto. Asaz impertinente el tiempo, metiéndose donde no debiera, retardando o, en el peor de los casos, condenando al peor de los limbos nuestra empatía perfecta.
Nos veremos en el amor, en la vejez, la enfermedad o en la muerte, arpía de mil abrazos, abogando al recuerdo. Nos veremos en los sueños cruzados y en las posibilidades. Nos veremos al menos, de seguro, en una misa réquiem.

Fragmento



Ellas siempre quieren al malo, se enamoran del golpeador, admiran al bruto. Yo las busco hermosas, inteligentes y absolutamente incapaces de amarme.

Día

Lo fortuito quedara justificado en la libertad de la elección y la imposibilidad de augurar sobre las mismas. No fue la suerte, ni la Kabbalah, más sino el azar quien salpicó brutamente nuestras elecciones y nos aunó, como un comienzo, en el mismo predio de la misma institución. Lo que resultara de ese encuentro destiñe al azar y nos deja con la responsabilidad que nos pertenece. Habrá nomás que hacerse cargo de haber sorteado los obligados tabúes pertinentes a aquello que bien sabemos es lo único que nos separa. Aquello que nos une se pontifica y ante el mero número que pretendió alejarnos, nosotros hilarantes.
Encontrarse es entonces tomar ventaja de lo dado casualmente, eludir criteriosamente las diferencias, escuchar, compartir, opinar, aprender, y, dialécticamente, resultan la estima, el agradecimiento y el respeto. Por esto último es necesario también el esperar algo del otro, no como motor motivante de la acción sino como parte del contrato de este encuentro. En cuanto podemos esperar algo del otro sabemos que este valora nuestro hacer, lo respeta y pretende devolver tal gratificación. No hallo gesto más noble. 

lunes, 9 de agosto de 2010

Tinta

Cuando el sigiloso movimiento paradigmático sea como despertarse viejo. Cuando se haya reemplazado tus haceres por los otros de botones. Cuando ya no importe cargar de un personalísimo valor estético las palabras. Cuando dibujarlas no sea posible. Cuando reír, amar, morir, llorar, sean significantes sin significado, tinta te he de extrañar y en tu lugar una pantalla de ordenador.

Amici

La amistad es un título inexacto, mal ponderado. Un amigo es algo muy fácil de conseguir, requiere de muy pocos méritos. Basta con frecuentar a las personas e intercambiar buenos modales para que este sea considerado lo dicho. Tratando de desmentir la módica carátula distinguimos a los compañeros de los amigos, pero así y todo les dedicamos un momento el día del amigo. La amistad es llenarse los dedos de palabrerío, de falsos afectos, de justificaciones insostenibles sobre el porqué dejamos de vernos, de lo maravilloso que fue conocerte en la vida, de cuántos momentos hemos vivido juntos, de cómo estuviste ahí cuando te necesité y de cuánto te recuerdo en la ausencia. No señor, no se condice el ímpetu puesto en las palabras dedicadas a la carátula seleccionada. Yo esa de que la amistad es lo más importante y te lo digo a vos amigo y a los cientos que reciben este mail, no me la compro. Cuando quieren definir a un amigo no hacen más que definirse a ellos mismos en sus necesidades: “Para mí los amigos son quienes están ahí en las buenas y en las malas, se preocupan por uno, quienes postergarían lo impostergable por socorrerte en un momento difícil, quienes olvidan sus penas para penar las ajenas”. No señor, yo no pido eso de nadie. Quienquiera eso de una persona no es amigo el mismo. Estas hiperbólicas exigencias se corresponden únicamente con el sentir de los padres. No hagan nada de eso por mí, no señor. De nada me sirve un amor forzado. Simplemente sean lo que sinceramente les salga ser y ahí vemos si nos llevamos bien, si nos queremos o si no. 

Fragmento poético

Si la lira de Erato fuera suficiente inspiración,
Si escribiera los versos que tu espalda merece,
Si existieran palabras que me permitiesen
Ahondar los vestigios de tu condición.

Roberto Arlt

Entre el sinfín de equívocos intentos por desvalorizarme, si hay uno el cual me molesta de sobremanera es que se me acuse de squena dritta, siendo, en primera instancia, que la curvatura espinal aquéjame desde niño. Mi postura de semicírculo graduado ha devenido en dolores de todo tipo no siendo los físicos los primordiales sino aquellos dolores del corazón. No tardé mucho en enterarme que un reverso corvo da impresión de tipo abatido y mucho menos demoré en enlazar este entonces nuevo conocimiento a uno anterior: las señoritas los prefieren triunfadores. Di cuenta de que ciertamente mi columna torcida es metáfora recíproca de mis pesares, los cuales me llevaron a despreciar el trabajo, aquellos que fueran impulsados por la lectura, aquella que acostumbro practicar en una silla con el texto sobre una mesa, práctica escoliósica. Si realmente el incesante cavilar fuese comparable a la vagancia, si sólo se reivindicara el trabajo portuario o el cargar ladrillos y bolsas de canto rodado, si sólo las marcas de las manos y las espaldas dolientes fuesen signo de virtud, sería entonces yo mismo un virtuoso dado que las yemas de mis dedos arden por las hojas pasar, el callo del dedo mayor es casi un sexto dedo y no hay vértebra que no cante al tratar de recuperarme erecto tras robarme los pensamientos de aquellos grandes maestros, esos de squena dritta por quienes de ser más tenidos en cuenta, los portuarios y los albañiles no tendrían que trabajar jornadas imposibles, gozarían de buena salud y otros beneficios correspondientes. 

Fragmento de "Lo dicho"

Poco importa si Javier existió o existe. Su fantasma lo enaltece, su legado vive entre los vivos. Ausente burlón hilarante, sombra de malos tratos y buenos modales, viento belicoso frente al estólido murmullo del sofismo, empuja pero no se ve. Ese fue Javier Camacho. Es esa es su herencia. La contradicción, la paradoja viva, el círculo cuadrado, la erudición y la ignorancia, el Aleph, un maestro quien enseñó que en materia de humildad nada puede ser enseñado.
Sea Javier Javier, Borges o el Negro Dolina, el mundo no será el mismo sin su impresentable presencia.

Un dominio

- ¡No, no pongas el guión para abrir diálogo! Bien, ahora la gente me lee creyéndome un personaje, gracias, de verdad muchas gracias. No me siento un personaje, lo que digo lo siento, lo que siento corresponde en algo muy yo.  No soy las frustraciones de un escritor, la cólera de un resentido, ni el amor no correspondido de  un débil dependiente. No soy el culto religioso, ni un teorema forzado (algo así como la frágil imagen de la realidad en un papel escupido con hipotenusas o vaya uno a saber que corno). No, no soy nada de eso. Tengo nombre y autonomía.
¿Ven? No necesito de un guión de diálogo si no lo quiero usar. Digo como se me da la gana y listo. Hago lo que quiero cuando quiero y nada pasa sin mi consentimiento.
- A decir verdad ciertas veces no resisto y me dejo someter. No encuentro mi propio cuerpo y me angustio. Pienso que mi angustia es la de otro y mi pensamiento no es mío en absoluto. Por suerte mi raciocinio es suficiente como para entender que permito que otro sea los zapatos porque a mí me duelen los piecitos y cuando llego a este punto recupero el -
timón. Solo o acompañado, si de algo puedo jactarme es de haber andado caminos. Cuando estuve nostálgico fui un poema para Papá y otro para Mamá. Cuando más sensible, díjele cosas al café y caminé por los márgenes de un río como alumno y discípulo (aunque sospecho que fui también el río). Y en los momentos más difíciles fui una clase novelada de anatomía existencialista con un final terrible.
- Tengo mi carácter, lo sé, pero, más acá de todo, me justifico enormemente. Sé que mi búsqueda es la de seguridad y sé que es en vano, no obstante pido constantemente nuevas oportunidades y trato de dejarme entero en el buscar. Me reduzco en lo difícil que resulta conocer lo asintótico de vivir y ser a la vez fanático de los extremos.-
Si quieren saber de mí pregúntenle a Fanshaw, suele ser mi seudónimo, mi fachada y mis zapatos.
- También pueden

Estólido

Hay innumerables modos de maquillar la idiotez. En donde se confunden la ignorancia y la sapiencia, el justo, reconciliador, lo nombra sofistería, retórica, pleonasmo, y, en el peor de los casos, arte. Los admiradores se inquietan ante el palabrerío e impacientan hasta lograr, conmovidos, que sea esto llamado teoría.